martes, junio 20, 2006

La bendita y sacrosanta ONU queda en este libro reducida a una piltrafa. Casos de corrupción, acoso sexual, nidos de espías, prostitución, asesinato, derroche, sueldos escandalosos, magníficas pensiones de por vida... Por no hablar del tristísimo papel de los pitufos -cascos azules- en la antigua Yugoslavia o en Ruanda. Un libro que nos debe hacer reflexionar sobre la utilidad real de la ONU tal y como funciona hoy en día, en la que sesenta años después de su puesta de largo, los cinco privilegiados continúan apegados al poder del veto, sin que parezca que lo quieran dejar.

3 Comments:

Blogger Pensador said...

La ONU, en la teoría y en el planteamiento básico, es algo muy lindo. (Precioso, con florecitas y todo). Desgraciadamente, igual que pasó con el comunismo y con el liberalismo, ese planteamiento utópico termina por corromperse cuando se gestiona por seres humanos. Yo pienso que, en este caso, la cuestión filosófica es más profunda todavía y deberíamos preguntarnos si, lo que ocurre en estas macro-instituciones, es innato a las personas y si podemos hacer algo para cambiarlo y "terminar de civilizarnos".

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Estimado filósofo, me he permitido la licencia de crear un vínculo desde mi blog hasta el suyo para que, mi círculo habitual de lectores, pueda descubrirlo y leérlo habitualmente. Espero que no le moleste, en cuyo caso, lo retiraría enseguida.

20 junio, 2006 22:46  
Blogger Jesús Palomar said...

Un saludo. Acabo de leer a Pensador. Algunas observaciones, con todo respeto. Creo que mientras que el comunismo es utopía, no lo es el liberalismo. La ONU es utopía. La Historia nos enseña que en nombre de las utopías se han cometido las mayores atrocidades. La utopía tiende a simplificar el mundo, sustituir los buenos deseos por la realidad. Nada que objetar en esto, pero sí en sus consecuencias. Las buenas intenciones, cuando son creidas, son a menudo la coartada mejor para los peores horrores. Lo mejor es enemigo de lo bueno, dice el dicho.
Un saludo para Impaciente.

21 junio, 2006 02:26  
Blogger Pensador said...

Señor Palomar, comparto con usted la idea de que, quizás, la utopía simplifique el mundo y haya llevado a realizar un gran número de atrocidades. Debo, en cambio, reafirmarme en mi idea de que el liberalismo es utopía. En su planteamiento teórico, la filosofía de Stuart Mill partía de los individuos como único ser empíricamente constatable, proponía los derechos de libertad, dignidad y autonomía del individuo y hacía una distinción entre lo público y lo privado. La cuestión, en definitiva, era conseguir una sociedad de hombres libres y protegidos de los abusos de los estados. Hasta este punto, todo parece también muy lindo. Desgraciadamente, la situación actual no es esa. La libertad de mercado nos ha llevado a un gobierno mercantilista autoritario que, en el mundo globalizado, va camino de destruir las instituciones de los estados-naciones. Tal y como defiende el sociólogo Giddens en su obra "Un mundo desbocado" la expansión de la democracia va unido a una mayor autoridad. La estructura de nuestras sociedades contemporáneas sitúan al mercado en la cúspide y subordinan al estado y a lo social. La lógica del mercado es la que configura la mecánica del estado. Por lo tanto, podemos ver que, por encima de las instituciones (defensores máximas del sistema liberal) y los individuos (que ejercen su libertad), se ha situado un nuevo poder absolutista.

21 junio, 2006 16:43  

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